Artículos de Medicina 21


Las vacunas en la infancia
Autor: Dr. Salvador Giménez - Revisado: 27 de septiembre 2016
La necesidad de vacunar a todos los niños contra las distintas enfermedades infecto-contagiosas es aceptada en todo el mundo. Mediante las vacunas, se ha conseguido que ciertas enfermedades y sus complicaciones hayan casi desaparecido. Así, tenemos, por ejemplo, el caso de la viruela, una enfermedad muy grave que, gracias a la vacunación, ha sido mundialmente erradicada.

¿Qué significa vacunar a un niño?

Vacunar significa introducir microbios (bacterias o virus) muertos o atenuados, o sus toxinas tratadas con calor o formol, dentro del organismo, los cuales son capaces de estimular la fabricación de anticuerpos (defensas) por parte del sistema inmunitario del individuo, pero sin producir la enfermedad clínica.

Por tanto, las vacunas aumentan la resistencia del organismo frente a las enfermedades infecciosas.

Se pueden administrar tanto por la boca como a través de la inyección, según la vacuna.


¿Cuáles son los objetivos de la vacunación?

El objetivo de vacunar de forma sistemática a toda la población infantil es doble:

Individualmente, evita que un niño concreto padezca una enfermedad determinada con sus posibles complicaciones
Colectivamente (a nivel social y sanitario), y de forma aun más importante, pretende la eliminación de la enfermedad en un grupo de población


Clasificación de las vacunas

Según su utilidad, las vacunas se dividen en dos grupos:

Vacunas sistemáticas: Son de interés comunitario y deben recibirlas todos los niños. Son las que figuran en el calendario de vacunaciones. En los países más desarrollados, donde la población infantil es vacunada de forma sistemática, no existen enfermos de difteria, ni tampoco hay casos de tétanos y sólo contraen la poliomielitis los individuos no vacunados. También están desapareciendo, en estos países, enfermedades como el sarampión y la rubéola.

Vacunas no sistemáticas: Son de interés individual y únicamente se administran en casos determinados como, por ejemplo, la vacuna antirrábica, a los niños que han sido mordidos por un animal no controlado o con la enfermedad.


¿Qué vacunas han de recibir todos los niños?

1. Vacuna DTP (difteria-tétanos-tosferina)
Esta es una vacuna conjunta contra tres enfermedades: la difteria, el tétanos y la tos ferina.

La difteria es una enfermedad grave ya que, entre otros síntomas, produce una inflamación de la laringe con formación de membranas que pueden llegar a obstruirla y provocar la asfixia y la muerte del niño.

El tétanos se produce como consecuencia de la contaminación de las heridas con la tierra, excrementos, etc., que contienen esporas tetánicas. Si los gérmenes encuentran las condiciones adecuadas en la herida, producen una toxina que actúa sobre el sistema nervioso central y es la responsable de la aparición de contracciones musculares dolorosas, de espasmos, rigidez y convulsiones generalizadas. Si se afectan los músculos respiratorios o los laríngeos, se puede producir la asfixia y la muerte del niño. La medida preventiva más eficaz contra el tétanos es la vacuna. Unicamente están exentos de contraer el tétanos las personas que han recibido las diferentes dosis vacunales dentro de los términos correctos. Debido a que, en la edad infantil, las heridas y los accidentes son muy frecuentes y, por tanto, el peligro de contraer la enfermedad es más grande, es fundamental que los niños estén vacunados con todas las dosis.

La tosferina es una enfermedad muy contagiosa, caracterizada por una tos paroxística o espasmódica. Esta enfermedad es especialmente grave en los niños de menos de 2 años de edad, en los cuales las complicaciones (asfixia, bronconeumonía, complicaciones cerebrales, convulsiones) son relativamente frecuentes. Es muy conveniente que, a partir de los 3 meses, los niños estén protegidos contra esta enfermedad. Es importante saber que esta vacuna no es eficaz en el 100% de los casos. Se calcula que un 20% o más de los niños vacunados pueden padecer la enfermedad. A partir de los 24 meses no debe administrarse la vacuna DTP (difteria-tétanos-tosferina), ya que la vacuna contra la tos ferina puede producir efectos secundarios. Las revacunaciones a partir de esta edad se harán con la vacuna DT (difteria-tétanos). A partir de los 14-16 años se utiliza la vacuna T (tétanos).


2. Vacuna antipoliomielítica oral trivalente
La poliomielitis (parálisis infantil) es una enfermedad que habitualmente sigue un curso de carácter benigno con cuadros gastrointestinales o nasofaríngeos, pero que puede adoptar, en algunos casos, formas paralíticas muy graves que no tienen tratamiento específico y en los cuales la única forma de recuperación es la rehabilitación.

En nuestro ámbito continúa habiendo casos en grupos de población vacunada insuficientemente.

Sería deseable que todos los niños fueran vacunados correctamente con el fin de erradicar definitivamente la parálisis infantil en nuestro país.

3. Vacuna triple vírica (sarampión-rubéola-parotiditis)
Esta vacuna tiene una gran utilidad, ya que protege contra el sarampión, la rubéola y la parotiditis (paperas).

El sarampión era la enfermedad exantemática más frecuente de la infancia antes de aparecer la vacuna. El cuadro clínico es muy típico y se caracteriza por fiebre, tos, conjuntivitis, rinitis y un exantema (erupción) característico. La importancia del sarampión radica en el hecho de que se pueden presentar graves complicaciones entres las que debe remarcarse la neumonía y la encefalitis, que pueden dejar graves secuelas e incapacidades y, hasta, producir la muerte del niño.

La rubéola es una enfermedad benigna en los niños, pero, si la padece una mujer embarazada durante los primeros meses de gestación, puede provocar graves lesiones en el recién nacido (retraso mental, malformaciones auditivas, oculares y cardíacas). En el caso concreto de las mujeres en edad fértil, seropositivas y que no hayan recibido ninguna dosis de rubéola, se recomienda la vacunación siempre que acepten la anticoncepción durante 3 meses o que se realice inmediatamente después del parto.

La parotiditis (paperas) es una enfermedad que se caracteriza fundamentalmente por la inflamación de las glándulas salivales, sobretodo las parótidas. Puede originar complicaciones, las más graves de entre las cuales son la meningitis, que se calcula que aparece en un 10% de los casos, y la orquitis (inflamación de los testículos), que se puede presentar a partir de la pubertad. No existe inconveniente en vacunar a los niños de mujeres embarazadas ya que el virus vacunal no se contagia.


4. Vacuna de la hepatitis B
La hepatitis es una afectación inflamatoria del hígado ocasionada generalmente por una infección por virus.

Existe una vacuna para prevenir la infección por virus de la hepatitis B, la cual se transmite a través del contacto muy directo entre personas (sangre, semen, saliva). Hasta ahora, se ha vacunado únicamente a los grupos de riesgo especial como pueden ser el personal sanitario, homosexuales, reclusos en prisiones y personal que los trata.

Es especialmente importante la vacunación en recién nacidos hijos de madre portadora del virus de la hepatitis B.

Es importante la introducción de esta vacuna en el calendario de vacunaciones para disminuir la incidencia de hepatitis B que, todo y tratarse de una enfermedad no muy frecuente, la gravedad, las secuelas y las incapacidades que puede originar justifican plenamente su aplicación, y más teniendo en cuenta que su administración no produce reacciones adversas.



¿Qué tipo de reacciones pueden provocar las vacunas?

Las reacciones que pueden dar las vacunas suelen ser ligeras y poco frecuentes. Pueden ser de dos tipos:

Reacciones locales: Se producen en el lugar de la inyección y consisten en ligeras molestias dolorosas y en tumefacción.

Este tipo de reacción se da especialmente cuando se administra la vacuna de la tos ferina y, en menos intensidad, también puede verse cuando se vacuna contra la difteria o el tétanos.

Reacciones generales: Se trata de subidas de fiebre, pérdida del apetito, malestar, etc.

Todas estas reacciones son siempre cortas y sin importancia, y se suelen producir al cabo de pocas horas de haber sido administrada la vacuna, excepto en el caso del sarampión, que aparecen al cabo de unos 8 a 12 días.

Suele ser suficiente con dar un antitérmico al niño, pero, si el cuadro febril es más largo o intenso, debe consultarse al pediatra.

Existen vacunas que no producen ningún tipo de reacción, como son la vacuna antipoliomielítica por vía oral y la de la hepatitis B.

También es poco habitual que de reacción la vacuna triple vírica. En caso de darla, será al cabo de unos diez días y consistirá en fiebre que puede durar dos o tres días, acompañada, en algunas ocasiones, de un exantema discreto.

También es posible que, con motivo de la reacción vacunal, se manifieste alguna infección de características benignas que estaba en fase de incubación. Por eso, a veces, después de una vacunación, el niño padece un resfriado o una diarrea.




Comentarios

toya
2016-03-14 15:08:10
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