Artículos de Medicina 21


Una de síndromes. Parte II
Autor: Dr. Salvador Giménez - Revisado: 24 de mayo 2017

En medicina existen muchas enfermedades, muchísimas. Algunas tienen nombres sencillos, otras son auténticos trabalenguas, casi impronunciables. Unas son frecuentes, otras raras. Y a algunas se les pone el nombre de su descubridor, como homenaje.


Podríamos definir la palabra síndrome como un conjunto de síntomas (que explica el paciente) y signos (que descubre el médico en su exploración) que se presentan conjuntamente y que caracterizan a una entidad patológica determinada. Suele emplearse el término síndrome para identificar trastornos que aunque no alcanzan la categoría de "enfermedad", sí permiten identificarlo sin ninguna duda.

Tanto síndromes como enfermedades pueden llevar el nombre de su descubridor, como homenaje a su perspicacia y su investigación. Sin embargo, aunque muchos son los investigadores, pocos son los elegidos que pueden bautizar a sus hallazgos con su nombre. Aquí os presento una breve recopilación de investigadores, científicos y médicos españoles que tienen el honor de haber dado nombre propio a una parte de la medicina.

 

Síndrome de Brugada

Este trastorno hereditario se caracteriza por una alteración del electrocardiograma (ECG) en forma de arritmia cardíaca grave, una fibrilación ventricular, que produce un aumento del riesgo de muerte súbita. Se puede identificar gracias al registro de la actividad eléctrica del corazón, el ECG, en el que se ven las alteraciones características del síndrome. Su nombre se debe al trabajo conjunto de Pere, Josep y Ramón Brugada, hermanos y cardiólogos catalanes, que describieron este síndrome inicialmente en 1989, entre pacientes supervivientes a una parada cardiaca.

 

Síndrome de Soriano

También conocido como enfermedad de Soriano o periostitis deformante de Soriano, este síndrome se caracteriza por la formación de excrecencias óseas inducidas por el acúmulo de flúor y que invaden los tendones, los músculos y las membranas, así como una artrosis con grandes osteofitos. Es una enfermedad frecuente entre los alcohólicos (el flúor se utilizaba como conservante de algunos vinos de baja calidad). Lleva el nombre del profesor Máximo Soriano, nacido en Cuenca y formado en Barcelona, quien publicó su investigación acerca de este síndrome en 1952.

 

Síndrome de Martorell

En 1944 se describió por vez primera el síndrome del arco aórtico. Se describió con el nombre de síndrome de obliteración de los troncos supraaórticos, con cuyo nombre quería significar que era el conjunto de síntomas y signos por los cuales se manifestaba la oclusión de los tres troncos que nacen de la aorta, tronco innominado, carótida izquierda y subclavia izquierda, sea cual fuere su etiología. También conocido como síndrome de Martorell-Fabré o de Takayasu-Martorell. Lleva el nombre del Dr. Fernando Martorell, catalán nacido en Barcelona.

 

Síndrome de Tolosa

El síndrome de Tolosa, también conocido como de Tolosa-Hunt se caracteriza por dolor en la órbita ocular, asociado a parálisis de la musculatura del ojo. En general es unilateral y recurrente. El catalán Eduardo Tolosa describió por primera vez este síndrome en 1954 después de identificar su causa: una inflamación de la arteria carótida interna.

 

Síndrome de Sotos

El endocrinólogo alicantino Juan F. Sotos publica en 1964 las características de cinco pacientes del síndrome que lleva su nombre. Inicialmente definido como "gigantismo cerebral", debido el gran tamaño de la cabeza típico del paciente, es un término que hoy ya no se emplea. El síndrome de Sotos, un trastorno genético con herencia autosómica dominante, se caracteriza por un crecimiento rápido desde el nacimiento, anomalías faciales, alteraciones cerebrales y retraso del desarrollo cognitivo, motor y social. También se conoce como síndrome de la frente grande.

 

Síndrome de Bayés

Este síndrome electrocardiográfico (ECG) se caracteriza por un bloqueo interauricular, un trastorno de la conducción eléctrica entre las dos aurículas del corazón. Esta situación es previa a la fibrilación auricular, la arritmia más frecuente entre las enfermedades del corazón. El cardiólogo barcelonés Antonio Bayés lleva estudiando esta anomalía electrocardiográfica desde los años 70.

 

Síndrome de Rotés

También conocido como enfermedad de Forestier-Rotés-Querol o hiperostosis esquelética idiopática difusa, este síndrome se caracteriza por una calcificación y osificación del ligamento longitudinal común anterior (LLCA), que suele afectar predominantemente a la región dorsal baja de la columna vertebral. Inicialmente descrita por J. Forestier y el catalán Jaume Rotés Querol con el nombre de hiperostosis anquilosante senil de la columna en 1950, hoy día se sabe que puede afectar a otras zonas del aparato locomotor además de la columna vertebral, aunque aún no se conoce su causa.

 

Síndrome ABD de Marañón

El Dr. Gregorio Marañón, médico endocrinólogo madrileño, además de científico, historiador, escritor y pensador, da nombre a un síndrome endocrinológico tiroideo compuesto por adiposidad (aumento de los depósitos de grasa), Basedow (alteración ocular asociada al hipertiroidismo) y distermia (alteración de la percepción y la regulación de la temperatura corporal).

 

Síndrome de Barraquer

También conocido como síndrome de Barraquer-Simmons, enfermedad de Barraquer, lipodistrofia cefalotorácica progresiva, lipodistrofia progresiva o lipodistrofia parcial adquirida, este síndrome fue descrito inicialmente en 1907 por el médico catalán Lluis Roviralta. Se caracteriza por una atrofia de la grasa de la parte superior del cuerpo, especialmente de la cara (cara de momia) y una hipertrofia de la grasa de la parte inferior del cuerpo.

 

Síndrome de Acosta

También conocido como mal agudo de montaña o mal de altura, cuenta con su primera descripción ya en 1590 por parte de José de Acosta, que no era médico sino padre jesuita, cuando cruzó los Andes peruanos a 4.800 metros de altitud. Su descripción clínica y fisiológica no llegó ¡hasta 1907! El mal de montaña está causado por la reducción de la presión atmosférica y unos niveles más bajos de oxígeno a grandes alturas. Cuanto más rápido se asciende y cuanto mayor sea la altitud, mayores y más intensos serán los síntomas: dolor de cabeza, fatiga, dificultad para respirar, pérdida de apetito, son los más frecuentes.

 




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