Actualidad Médica


Nuevas evidencias de la relación entre exposición a DDT y autismo
4 de octubre 2018
Un estudio publicado por la American Journal of Psychiatry confirma que el DDT podría provocar el desarrollo de autismo en niños expuestos al contaminante durante la gestación. Estudios anteriores habían establecido una asociación entre niveles de exposición estimados en base al lugar de residencia de la madre.

Se trataría de la primera evidencia de la relación entre el compuesto químico prohibido y el trastorno neurológico en casos de madres en los que se confirmó la presencia de DDT en su organismo (Los estudios anteriores habían partido de niveles de exposición estimados en base a la proximidad del lugar de residencia de la mujer a áreas contaminadas por DDT). «El DDT todavía persiste en el medio ambiente, y es detectable en casi todas las personas», comenta el autor principal del estudio.

El DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano) fue sintetizado por primera vez en 1874, pero no fue hasta 1939 cuando se descubrieron sus propiedades insecticidas. Durante las décadas siguientes, el compuesto fue empleado de forma masiva sobre cosechas y personas para combatir enfermedades transmitidas por insectos como la malaria, el tifus o la fiebre amarilla. No obstante, las pruebas cada vez más abundantes de su peligrosidad para humanos y animales hizo que las autoridades sanitarias lo prohibieran (fue prohibido en los EE. UU en 1972 y en la Comunidad Europea en 1986). Desde su prohibición, diversos estudios han demostrado que el DDT persiste en los ecosistemas (se acumula en la cadena trófica), y que, cuando es ingerido o inhalado, puede provocar trastornos reproductivos y cáncer. También se ha establecido una posible asociación entre Alzhéimer y exposición a DDT. En la actualidad está prohibido salvo para el control de plagas como la peste bubónica o la malaria.

Los autores del estudio extrajeron datos de un estudio nacional finlandés que tomó muestras de sangre de un millón de mujeres embarazadas entre 1987 y 2005. Se compararon un total de 778 casos de niños con autismo (se les había diagnosticado autismo antes de 2007) con 778 controles libres de dicha enfermedad. Se evaluó el nivel de DDT en el organismo de la madre por medio de test de laboratorio de DDE, el producto de la metabolización del DDT. Los datos revelaron que la probabilidad de autismo era superior a medida que los niveles de DDT fueran más elevados. En un rango de concentración definido de uno a 100, las madres con concentraciones superiores al 75 tenían un riesgo un 32% superior de tener un hijo autista. En madres con porcentajes aún superiores, el riesgo de autismo con discapacidad intelectual se disparaba al 121%.

El estudio también analizó posibles riesgos asociados a otro tipo de compuesto químico, el PCB (bifenilo policlorinado) que fue prohibido en los EE. UU en 1979 y en Europa en 1985, pero no se detectó ninguna asociación con el autismo. Aunque el DDT no es la única toxina ambiental de la que se sospecha que favorece cambios epigenéticos durante el desarrollo fetal, los autores del estudio creen que sus resultados ayudarán a delimitar qué compuestos químicos deben estudiarse con más detalle en base a las vías de desarrollo que alteran. Tanto el DDT como el PCB afectan la actuación de las hormonas masculinas en el útero, las cuales han sido relacionadas por diversos estudios con el autismo. Se sabe que el DDT inhibe la producción y función de receptores para esas hormonas, mientras que el PCB incrementa el número de receptores.

Fuente:   American Journal of Psychiatry


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