Actualidad Médica


Descubierto un mecanismo patológico clave de la peste bubónica
6 de diciembre 2012
La peste, aunque se considera erradicada en Europa desde hace siglos, sigue existiendo en zonas remotas de Asia central, el subcontinente indio y en el oeste de los EE.UU., donde llegó a comienzos del siglo XX procedente de China

La peste bubónica
La peste negra de 1348 segó las vidas de al menos una tercera parte de la población europea, y provocó profundos cambios sociales, económicos, demográficos y culturales. Investigaciones recientes también apuntan a la posibilidad de que la peste de Justiniano de los siglos VI al VIII de nuestra era también fue provocada por el mismo patógeno que causó la gran mortandad del siglo XIV. En 1892 tuvo lugar en China la última gran pandemia de peste. Desde China pasó a los EE.UU y a la India, donde mató cerca de 12,5 millones de personas entre 1898 y 1918.

Provocada por la bacteria Yersinia pestis, la peste es transmitida por las pulgas de ciertos roedores, en especial las ratas. Donde hay humanos hay ratas, de ahí que el contagio sea relativamente fácil, especialmente en ciudades donde las condiciones higiénicas no son adecuadas. Aunque la peste bubónica parezca una enfermedad medieval, lo cierto es que todavía existe. En la actualidad, la OMS suele informar cada año de brotes esporádicos en África, Asia o en América: en 1994, hubo un brote de peste en la India (algo menos de 700 casos detectados entre agosto y octubre de ese año). En septiembre de 2012 se detectó un caso en Denver (Colorado, EE.UU) el cuarto de este año identificado en ese país según el Centro para Control de Enfermedades de Atlanta.

Por otra parte, también se ha experimentado su empleo como arma biológica. Durante la 2ª Guerra Mundial, los japoneses realizaron diversos experimentos contra la población china, lanzando “bombas de pulgas” infectadas con la bacteria. Durante la Guerra Fría, tanto soviéticos como estadounidenses experimentaron con armas biológicas, diseñando versiones del patógeno en forma de aerosol, mucho más mortífero (la peste pulmonar tiene una mortalidad del 90% si no se trata a tiempo). Diversos estudios recientes han considerado los posibles efectos del uso de la peste como arma bioterrorista, y un estudio de la OMS de 1970 calculaba que bastaría con rociar con 50 Kg. de cultivo de Y. pestis para provocar 150.000 casos y unas 36.000 muertes en una ciudad de cinco millones de habitantes.

Descubierto un importante mecanismo patológico
Los antibióticos más potentes de que disponemos (estreptomicina o tetraciclina) pueden curar la peste si se trata a tiempo, pero la creciente resistencia de las bacterias contra los antibióticos causa preocupación entre las autoridades sanitarias. Es por ello que biólogos y médicos siguen investigando a Yersinia pestis, el bacilo causante de la enfermedad.

Esta semana se ha anunciado un importante descubrimiento en relación a la investigación de la peste. Científicos de la Universidad de Umea (Suecia) han resuelto una cuestión que llevaba sin respuesta desde hace más de medio siglo: qué misión cumple el calcio en el mecanismo causante de la enfermedad.

En 1952, los científicos Hills y Spurr demostraron que unas cepas virulentas de Yersinia pestis no eran capaces de crecer y multiplicarse cuando se las incubaba a una temperatura de 37º C, lo cual resultaba sorprendente, pues la temperatura corporal de humanos y ratones es aproximadamente de 37º C. No obstante, cuando se añadía calcio al cultivo, Yersinia pestis podía desarrollarse y multiplicarse a una temperatura de 37º C. Por tanto, era evidente que el calcio cumple un importante papel en el proceso infeccioso. Por medio de resonancias magnéticas, los investigadores de la Universidad de Umea han identificado una familia de proteínas, la YscU, que se une al calcio, y creen que la disgregación (disociación) de esta proteína es un paso necesario para que la infección siga su curso.

Por otra parte, la sorprendente semejanza entre esta familia de proteínas y otras presentes en otros patógenos permitiría sugerir que esta familia de proteínas cumple funciones regulatorias similares en otras bacterias con mecanismos patológicos similares.



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