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Especialidades Médicas - Medicina de Familia

El dolor y su tratamiento
Autor: Dr. Salvador Giménez - Revisado: 26 de Febrero 2013
El dolor es una sensación que se percibe como desagradable y que alerta de la existencia de una agresión sobre el organismo. La percepción del dolor depende de múltiples variables, como la edad, el sexo, el nivel cultural y las experiencias previas. A continuación se analiza qué es y qué ha sido el dolor, cómo se estudia y cómo se trata.

Mujer con dolor de cabeza
¿Qué es el dolor?

El dolor es un fenómeno subjetivo y complejo, producido por una lesión real o no real –psicosomática-, y la respuesta que esta lesión genera. Decimos que es subjetivo porque existe una diferente percepción de la intensidad del dolor en las diferentes personas. Por eso, el dolor se mide con la Escala Visual del Dolor : un gráfico en el que el paciente debe puntuar su dolor con una escala del 1 al 10. Es complejo porque intervienen los receptores del lugar de la lesión, los nervios que transmiten las sensaciones y los centros nerviosos del cerebro.

El dolor es una sensación que se percibe como desagradable y que alerta sobre la existencia de una agresión sobre el organismo. La posible agresión puede proceder del exterior – por ejemplo, el pinchazo con una aguja o el golpe con un martillo en el dedo- o del interior del cuerpo – como la inflamación del apéndice -. Si la apendicitis no causara dolor, la evolución natural del apéndice sería a la perforación, pudiendo provocar la muerte.

La agresión causante del dolor puede proceder del exterior, como un golpe o pinchazo, o del interior del cuerpo, como la inflamación del apéndice.

Así pues, el dolor es un mecanismo de defensa frente a la presencia de una agresión, de modo que se ponen en marcha los medios para eliminar la acción del agente perjudicial. La aparición del dolor impide la progresión de procesos que, incluso, podrían resultar mortales.

Percepción del dolor

El dolor produce mal humor, depresión y pérdida de concentración. Por lo que respecta a la vida laboral, un 10% de la población debe tomarse entre uno y tres días libres al año por dolor.

La percepción del dolor depende de múltiples variables, como la edad, el sexo, el nivel cultural y las experiencias previas. Incluso un mismo individuo puede percibir el mismo estímulo doloroso de distinta forma según su estado de ánimo, su grado de estrés, su estado general de salud o, incluso, según la meteorología.

Un mismo individuo puede percibir un estímulo doloroso de distinta forma según su estado de ánimo, su salud o, incluso, según la meteorología.

La respuesta externa al dolor suele ser distinta según el sexo. La mujer responde al dolor con mal humor, depresión y pérdida del apetito, mientras que el hombre exterioriza más su queja, lo hace saber a los demás.

¿Cómo se estudia el dolor?

Cuando vamos al médico a consultar por un dolor, su trabajo consiste en averiguar qué alteración del organismo es la causa de este dolor. Y lo hace a través de una serie de preguntas: 
  • Forma de inicio
  • Localización
  • Persistencia
  • Irradiación
  • Intensidad
  • Aparición y relación con determinadas posiciones o movimientos, con la carga de peso, empeoramiento con la tos u otras maniobras, etc.
Clasificación del dolor

Según su duración

Agudo: Corta duración, hiperactividad del sistema nervioso, taquicardia, aumento de la frecuencia respiratoria, de la tensión arterial, sudoración, ansiedad. Relativamente fácil de controlar. Ante un dolor agudo "nuevo" se debe siempre consultar al médico. 

Crónico: Persiste durante más de 6 meses, aparecen laxitud, alteraciones del sueño, disminución del apetito, disminución del gusto, pérdida de la libido, estreñimiento, depresión. El tratamiento a menudo es difícil. 

El dolor agudo es de corta duración y suele ser fácil de controlar. El dolor crónico persiste durante más de 6 meses, afecta a la calidad de vida del paciente y es de tratamiento a menudo difícil. 

Según su intensidad

-Dolor leve
-Dolor moderado
-Dolor severo
Tipos de dolor más frecuentes

El grupo de dolor más frecuente es el leve a moderado, que tiene múltiples causas. Las más frecuentes, y las que motivan la mayor parte de los tratamientos analgésicos, son:Dolor de cabeza: Jaquecas o migrañas, y cefalea de tensión. Aproximadamente la mitad de la población adulta ha sufrido cefalea en los últimos 6 meses. 

Dismenorrea: El dolor menstrual es el más común de los problemas ginecológicos. Un 44% de las mujeres lo sufren. 

Dolor de espalda: Se estima que uno de cada cinco adultos sufrirá dolor de espalda en algún momento de su vida, que puede variar de un ligero malestar a un severo e incapacitante dolor. 

Dolor reumático: Se considera el tipo de dolor más crónico; y es el que genera mayor número de consultas médicas. 

Dolor por lesiones deportivas: Fracturas, torsiones de tobillo, esguinces... 

Dolor dental: Dentro de este grupo están los dolores de muelas, flemones dentales... La causa más frecuente de dolor dental es la mala higiene de la dentadura. 

Síndromes gripales y resfriados: Los síntomas de un síndrome gripal incluyen malestar general, congestión nasal, tos, fiebre, cefalea y dolores osteoarticulares y musculares.
El dolor y la analgesia en la historia

A pesar de las diferencias que de la interpretación del dolor han hecho las distintas culturas y civilizaciones, existe un denominador común en todas ellas: el afán por conocer cómo se produce el dolor y cómo eliminarlo o, por lo menos, aliviarlo. El dolor ya aparece mencionado en el papiro de Ebers del antiguo Egipto, más de 4.000 años a.C.

La visión actual del dolor como un mecanismo de defensa ante las agresiones que sufre el organismo, se ha enriquecido con el progresivo descubrimiento de las vías anatómicas que conducen los estímulos nerviosos dolorosos desde cualquier punto del organismo hasta el sistema nervioso central, donde se integra toda la información captada por el sistema nervioso periférico. Se conocen sustancias químicas que participan en la sensación dolorosa, facilitando su transmisión nerviosa, tanto al nivel periférico como central.

 El dolor es un mecanismo de defensa frente a la presencia de una agresión.  

El término analgesia proviene del griego, y se forma a partir de an, que significa privación, y de algos, que significa dolor. La anestesia tiene también su origen en el griego; de an y aesthesis, que significa sensibilidad.

La analgesia es tan antigua como el dolor mismo. A lo largo de la historia ha habido una búsqueda incesante de medios para aliviar el dolor. Los métodos analgésicos han ido variando a lo largo de los siglos, a la par que se han modificado los conocimientos sobre el dolor. Algunos de ellos son milenarios, como la acupuntura, y aún se utilizan hoy en día.

El conocimiento de los poderes curativos de algunas sustancias contenidas en las plantas o en el agua se remonta a tiempos inmemoriales, y ha sido la base de los fármacos analgésicos modernos. En el siglo XIX se conocen ya sustancias analgésicas como los derivados del opio: la codeína y la morfina, el paracetamol, la fenacetina, etc. A finales del siglo XIX se sintetiza el ácido acetilsalicílico. En el siglo XX se han descubierto muchas más sustancias analgésicas.

La analgesia persigue el alivio del dolor. La anestesia persigue suprimir la sensibilidad para evitar que el enfermo detecte el dolor.

La anestesia persigue suprimir la sensibilidad para evitar que el enfermo sienta el dolor que causarán, por ejemplo, las maniobras terapéuticas de una operación quirúrgica. Quedan atrás las épocas en que, para conseguir insensibilizar a un enfermo, se le daba un golpe en la cabeza o se le obligaba a ingerir alcohol. En el siglo XIV, un médico francés realiza el primer caso documentado del uso de un anestésico inhalado. Posteriormente, la anestesia se va introduciendo en la odontología, la cirugía y la obstetricia.

Tipos de analgésicos

Dentro de los fármacos analgésicos existen dos grupos. 

Un primer grupo es el compuesto por los llamados analgésicos centrales o mórficos, derivados de la morfina, cuyo mecanismo de acción se basa en la inhibición de los receptores del dolor a nivel del sistema nervioso central. Entre estos se encuentran la morfina, la codeína, la petidina, la pentazocina y otros. A excepción de la codeína, que puede hallarse en combinación con otros analgésicos, sobre todo en preparados antigripales, estos analgésicos quedan restringidos al ámbito hospitalario y fuera del acceso del consumidor ambulatorio habitual.

El segundo grupo de analgésicos, más importante en cuanto a número, efectos, interés económico y consumo, es el de los analgésicos periféricos o no esteroideos (AINEs). Estos actúan mediante la inhibición al nivel periférico de unos mediadores de la inflamación y el dolor denominados prostaglandinas. La mayoría de estos fármacos combinan su efecto analgésico con el efecto antitérmico y el efecto antiinflamatorio.

Los analgésicos centrales o mórficos son más potentes y más restringidos al ámbito hospitalario. Los analgésicos periféricos o no esteroideos se utilizan en los dolores leves a moderados.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) estableció en 1982 una escala de tres peldaños en la que relacionaba el tipo de dolor y el medicamento más apropiado para solucionarlo, siguiendo un protocolo de actuación que se denominó "La escalera analgésica de la OMS". Aunque en un principio, esta idea surgió ante la necesidad de establecer un orden lógico y coordinado de tratamiento para aliviar el dolor oncológico, tras comprobar su efectividad, lo que se pretende actualmente es aplicar esta sencilla escala de tratamiento para aliviar cualquier tipo de proceso doloroso.

 Los dolores agudos más frecuentes son las cefaleas, el dolor menstrual y los dolores de espalda. 
1º Escalón: Medicamentos AINE. El prototipo es el ácido acetilsalicílico
2º Escalón: Derivados débiles del opio como la codeína,
3º Escalón: Derivado potente del opio, como la morfina.

Otros medicamentos que se pueden asociar a los analgésicos en el tratamiento del dolor son los antidepresivos, corticoides, antihistamínicos, antagonistas del calcio, etc.

En la mayoría de los procesos dolorosos habituales está indicado el tratamiento con AINEs, los analgésicos cuyo uso está más extendido entre la población. 

La mayoría de los procesos con dolor leve a moderado más comunes dentro de la población entran dentro del primer escalón, por lo que los AINE representan los analgésicos cuyo uso está más extendido entre la población.
¡Cuidado con la medicación!

Aunque los AINE sean los analgésicos más utilizados para aliviar el dolor, no hay que olvidar que, como el resto de medicamentos, el uso inapropiado de los mismos no está exento de ciertos riesgos. Si se abusa de estos medicamentos es muy posible que aparezcan efectos secundarios, como molestias gastrointestinales, alergias, alteraciones renales, o alteraciones hematológicas.

Un ejemplo es la llamada cefalea "por analgésicos", que es un dolor de cabeza por exceso de consumo de analgésicos. Es un efecto rebote. El paciente comenta que tiene un dolor de cabeza crónico e intenso, en toda la cabeza y durante todo el día. El tratamiento consiste en suprimir los analgésicos durante unos días.

Hábitos de la población respecto al consumo de analgésicos

El dolor, independientemente de su localización, es el síntoma más frecuente de cualquier alteración al nivel de nuestro organismo y la causa más frecuente de consulta médica. De ello se deriva que los analgésicos son los fármacos más habitualmente consumidos del mercado.

El dolor es el síntoma de alteración del organismo más frecuente, y la causa más frecuente de consulta médica. Los analgésicos son los fármacos más consumidos del mercado.

Una de las principales causas de consumo de analgésicos son los dolores de cabeza. La mayoría de las personas que sufren cefaleas y migrañas con frecuencia son consumidores habituales de analgésicos. Otras causas frecuentes de consumo son los dolores menstruales, los dolores de muelas, los dolores de espalda y los dolores musculares en general. De hecho, las enfermedades reumáticas, de los huesos y de las articulaciones son la segunda causa del consumo de analgésicos.

En general, se estima que las mujeres tienden a consumir mayor número de analgésicos que los hombres. Su rango de edad es variable, pero el grupo más consumidor es el que está por debajo de los 25 años, por la alta frecuencia de dolor menstrual en las mujeres jóvenes, seguido por las mujeres de más de 55 años.

Otras alternativas en el tratamiento del dolor

En la mayoría de las dolencias más comunes entre la población, es posible aplicar algunas medidas no farmacológicas, que en ocasiones resuelven y alivian las molestias, y en otras contribuyen, junto con los medicamentos, a solucionar más rápidamente el dolor.

Como resultado de las tensiones y el estrés al que se ve sometido el organismo, la musculatura cervical se contrae y aparece una molesta sensación dolorosa en la parte posterior de la cabeza que se extiende hacia la nuca y los hombros: es la cefalea tensional, la más frecuente entre la población. Los suaves masajes y la aplicación de calor (manta eléctrica, bolsa de agua caliente) para descontracturar la zona, y aprender a relajarse, contribuyen a mejorar y evitar muchas cefaleas tensionales.

Las migrañas o jaquecas se pueden aliviar en parte si la persona que las sufre se aísla durante la crisis en una habitación oscura o en penumbra, sin ruidos e intentando relajarse.

El dolor menstrual es uno de los dolores que más se beneficia con el uso de AINEs por el importante componente inflamatorio que lo caracteriza. Sin embargo, el uso de extractos vegetales en infusión que favorezcan la eliminación de líquidos, por ejemplo, también puede ayudar.

 Las mujeres de menos de 25 años y de más de 55 años son el grupo poblacional que más analgésicos consume.  

En los dolores articulares y musculares postraumáticos conviene remarcar la importancia de dos sencillas medidas de gran utilidad y al alcance de todos. Así, ante cualquier dolor en el que predomine la inflamación (esguince, contusión, luxación, etc.), es muy importante la aplicación de frío mediante una bolsa con cubitos de hielo. De esta manera se conseguirá una vasoconstricción que evitará que la zona se inflame. Mientras que en los casos en los que haya contractura muscular y en los dolores relacionados con las enfermedades reumáticas, poner calor sobre la zona relajará la musculatura y aliviará el dolor.

Con respecto a la gripe, la mayoría de los síntomas que la acompañan se resuelven con analgésicos. Pero no está de más conocer la importancia de beber mucho líquido, especialmente mientras dure la fiebre, para reponer los electrolitos perdidos por el aumento de la temperatura; o del reposo.

Hay medidas no farmacológicas que en ocasiones resuelven y alivian las molestias, y en otras contribuyen, junto con los medicamentos, a solucionar más rápidamente el dolor.

Lo que realmente importa es mantener la salud

Este es el principio para la prevención del dolor. El dolor es un signo de alerta que indica que algo no funciona y a lo que se debe poner remedio, porque va en detrimento de una buena calidad de vida. Es cierto que cada persona percibe el dolor de una manera diferente, sin embargo, si se mantiene el organismo en buenas condiciones, no sólo se evitarán muchos de los procesos dolorosos habituales, sino que además se estará más preparado para soportarlos. De todo ello se deduce que el hecho de adoptar una serie de hábitos de vida, lo más sanos y naturales posibles, va a contribuir en gran medida a fortalecer el organismo y hacerlo más resistente al dolor.
El principio para la prevención del dolor es mantener la salud. Si se mantiene el organismo en buenas condiciones, no sólo se evitarán muchos procesos dolorosos habituales, sino que además se estará más preparado para soportarlos. 

Algunos consejos, que todos conocemos, son los siguientes: 

La práctica de ejercicio regular no sólo mejora el estado físico sino que además eleva el estado de ánimo, refuerza el sistema inmunológico y aumenta la producción de unas sustancias, llamadas endorfinas, cuya acción es mitigar el dolor y aumentar la sensación de bienestar. 

  • Alimentación equilibrada y variada.
  • No fumar.
  • No abusar en el consumo de alcohol.
  • Evitar el estrés.
  • Adoptar una actitud positiva ante la vida.

Estos son algunos de los principales ingredientes que van a contribuir a mejorar la calidad de vida.
El artículo sólo es informativo.
Si tiene dudas al respecto, puede plantearlas en:


Comentarios
2
katy
2012-03-09 08:30:49
uy no sabia que hubiera tantas en fermedades

LILIANA ACEVEDO
2009-07-31 08:44:56
TRABAJO EN UN COLEGIO SOY AUXILIR DE ENFERMERIA Y LA MAYOR QUEJA DE LOS ALUMNOS ES EL DOLOR DE CABEZA, DOLOR MESNTRUAL EN EL DIA SON MAS OMESOS UN PROMEDIO DE 25 A 30 ME PREOCUPA QUE ELLOS PIENSAN QUE SOLO CON EL ANALGESICO SE LES QUITA EL DOLOR YO LES ADMINISTRO DOLEX O ACETAMINOFEN Y LA BUSCAPINA FEM.

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