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Tratamiento de la enfermedad de Alzheimer

21 de septiembre de 2001

Los inhibidores de la colinesterasa son fármacos que mejoran especialmente la memoria La enfermedad de Alzheimer, por desgracia, no tiene cura

La enfermedad de Alzheimer, por desgracia, no tiene cura. Lo único que puede hacerse es enlentecer la progresión de la enfermedad pero no pararla. Así, el tratamiento tiene como objetivos: maximizar la capacidad del enfermo para llevar a cabo las tareas cotidianas, intentar mantener una buena calidad de vida, disminuir la progresión de los síntomas y tratar la depresión o los trastornos del comportamiento.

1) Maximizar la capacidad del enfermo para llevar a cabo las tareas cotidianas y disminuir la progresión de los síntomas

Para este objetivo se dispone de los llamados inhibidores de la colinesterasa, unos fármacos que potencian las funciones mentales y disminuyen la progresión del deterioro de las funciones cognitivas como el pensamiento o el juicio. Estos medicamentos están diseñados para mejorar la memoria y otras funciones cognitivas por su influencia sobre ciertas actividades químicas en el cerebro.

La acetilcolina es un mensajero químico del cerebro que se cree que juega un papel importante en la función de las células cerebrales relacionadas con la memoria, el pensamiento y el juicio. La acetilcolina es liberada por una célula nerviosa o neurona para transmitir un mensaje a otra neurona. Una vez se recibe el mensaje, varios enzimas, incluyendo uno llamado acetilcolinesterasa, disgregan la acetilcolina para su posterior reutilización.

Los inhibidores de la colinesterasa están diseñados

 para mejorar la memoria y otras funciones cognitivas por


Uno de los objetivos del tratamiento es mantener la mejor calidad de vida posible  su influencia sobre ciertas actividades químicas en el cerebro

En el cerebro afectado por la enfermedad de Alzheimer, las células que utilizan la acetilcolina están lesionadas o destruidas, por lo que existe unos niveles más bajos de este mensajero químico. Los inhibidores de la colinesterasa actúan deteniendo la actividad de la acetilcolinesterasa y así retrasar la degradación de la acetilcolina. De esta forma, el fármaco consigue mantener los niveles de acetilcolina y ayuda a compensar la pérdida de neuronas.

Los fármacos denominados tacrina, donepezilo y rivastigmina son inhibidores de la colinesterasa. No obstante, la tacrina también causa una elevación de las enzimas del hígado, por lo que actualmente está en desuso. Esta clase de medicamentos se empiezan a dar con dosis bajas que se aumentan de forma gradual con el fin de minimizar los efectos secundarios. Los efectos secundarios de los inhibidores de la colinesterasa suelen ser náuseas, vómitos, pérdida del apetito y mayor frecuencia de movimientos intestinales.

No hay razón para pensar que la combinación de

 estos fármacos consiga un mayor beneficio


No hay razón para pensar que la combinación de estos fármacos consiga un mayor beneficio que el tratamiento con uno solo y por el contrario, la combinación de fármacos con mayor probabilidad provocará efectos secundarios más importantes.

Actualmente, se están estudiando otras clases de sustancias para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer como la selegilina (utilizada en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson), la vitamina E, corticoides, estrógenos y Ginko biloba, un remedio natural.

 

2) Tratamiento de las alteraciones del comportamiento

El cerebro afectado de Alzheimer hace que la persona pueda actuar de forma distinta o impredecible. Algunos enfermos de Alzheimer se convierten en ansiosos o agresivos mientras que otros repiten ciertas preguntas o gestos. Los cambios en el comportamiento no sólo causan malestar al enfermo sino que también pueden resultar frustrantes y estresantes para la persona que lo cuida. Algunos de los problemas de comportamiento más comunes son  agitación, agresividad, suspicacia, alucinaciones, insomnio y deambular de un lado a otro.


Cuando aparecen problemas de comportamiento, lo primero que hay que hacer es descartar que no sean debidos a trastornos subyacentes como deshidratación, dolor crónico, efectos secundarios de medicaciones, problemas visuales o auditivos, deficiencias nutricionales, infecciones, o depresión.

Cuando aparecen problemas de comportamiento,

lo primero que hay que hacer es descartar que no sean

 debidos a trastornos subyacentes

Una vez se manifiestan los problemas de comportamiento y se descarta la presencia de trastornos subyacentes, se pueden tratar con medicamentos, con terapia no farmacológica o con una combinación de ambos.

El tratamiento no farmacológico de los problemas de comportamiento es recomendable como primera opción, puesto que estos problemas se modifican mejor sin el uso de medicamentos y además, algunos fármacos pueden inducir nuevos síntomas de demencia. Entre los tratamientos no farmacológicos hallamos:

Educación y consejo a los familiares: Uno se enfrenta mejor a la enfermedad si tiene conocimientos sobre la misma y sabe con lo que se puede ir encontrando. Las asociaciones de enfermos proporcionan material educativo, consejo y apoyo a los familiares. Adaptación del hogar: Es importante adaptar la casa al enfermo. Factores ambientales como la intensidad de la luz o el ruido pueden afectar en gran medida el comportamiento del enfermo. Por ejemplo, una iluminación escasa puede inquietarle o demasiado ruido puede crearle confusión. Además, para mantener una buena calidad de vida en el hogar hay que evitar los posibles peligros que rodean al paciente. Por ejemplo, los medicamentos y los productos de limpieza deben estar guardados en un sitio seguro fuera del alcance del enfermo. Planificación de actividades: Debe procurarse que el enfermo se mantenga activo mientras pueda, estableciendo una rutina. Actividades diarias como el baño, cocinar o limpiar pueden convertirse en productivas. También pueden incorporarse actividades de ocio como pintar, leer o andar. La planificación de actividades ayuda a mejorar la depresión, la agitación y el deambular de un lado a otro. Debido a que los tratamientos no farmacológicos no siempre son efectivos, algunos problemas de comportamiento graves pueden tratarse mejor con medicamentos. Se dispone de varios fármacos para el tratamiento de los problemas de comportamiento, entre los que destacan los antidepresivos (para el tratamiento de la depresión), los ansiolíticos (para el tratamiento de la ansiedad) o los antipsicóticos (para el tratamiento del comportamiento agresivo o violento).

Por último, la “atención a los cuidadores” es otra parte vital de cualquiera estrategia de tratamiento de la enfermedad de Alzheimer. Las personas que se encargan de un enfermo de Alzheimer, generalmente el cónyuge o los hijos, tienen un alto riesgo de desarrollar depresión o una enfermedad física. Por este motivo, es muy importante que los cuidadores busquen la ayuda y el apoyo de las asociaciones de enfermos.



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