Medicina XXI: ciéncia, medicina, salud y paciente

Enfermedad de Alzheimer: La destrucción de la memoria

18 de noviembre de 2000

Sin que sepamos las causas, el cerebro de algunas personas empieza a deteriorarse, de una forma irreversible. Las personas afectadas pierden memoria, se vuelven incapaces para las tareas cotidianas, ven alterado su lenguaje, su capacidad laboral, su vida social

La enfermedad de Alzheimer es un envejecimiento prematuro del sistema nervioso. Sin que sepamos las causas, el cerebro de algunas personas empieza a deteriorarse, de una forma irreversible. Las personas afectadas pierden memoria, se vuelven incapaces para las tareas cotidianas, ven alterado su lenguaje, su capacidad laboral, su vida social. La persona va perdiendo capacidades y, en un tiempo relativamente corto, unos 7 años por término medio, le sobreviene la muerte. Durante este tiempo, el paciente va "regresando" (lo contrario de progresar).

La fase inicial de la enfermedad, dura unos dos años. Los síntomas pueden ser engañosos, pues, a veces, parecen los de una depresión: inquietud, fatiga, falta de iniciativa. La familia percibe alteraciones de la memoria, dificultades en la expresión de ideas complejas y en el razonamiento. Es frecuente que el paciente no repare en sus pérdidas de memoria pues, cuando olvida algo, lo olvida del todo; no sabe que ha olvidado algo. Esta es la diferencia más notable con los olvidos benignos (por la edad, por estrés) en los que la persona sufre porque se da cuenta de que olvida datos. Parece de chiste, pero no lo es: cuando alguien se preocupa por su propia falta de memoria, el caso es seguramente leve y, desde luego, no una demencia tipo Alzheimer.

En la segunda fase, los síntomas se acentúan. La persona regresa a un comportamiento infantil (de 4 a 8 años). Aparecen déficits de orientación, y se agravan en sobremanera los de la memoria. Entre esta fase y la siguiente aparecen problemas de lenguaje (incapacidad para expresar según que ideas), de reconocimiento (en cuanto a personas, objetos, etc.) y de movimiento (pérdida de la idea para realizar movimientos, por ejemplo, para vestirse).

La tercera fase, la final, significa la regresión a un comportamiento parecido al de la primera infancia: entre el nacimiento y los 3 años. Lo malo es que el niño progresa, y el enfermo de Alzheimer empeora día a día. La demencia se va haciendo completa y la incapacidad es total. Las expectativas de vida son muy limitadas, y esta fase suele durar alrededor de dos años.

Hoy en día se tiende a hablar de "demencia tipo Alzheimer", más que de enfermedad de Alzheimer. Ello es debido a que hay diferentes enfermedades, no exactamente iguales, cuyas características son similares.

El diagnóstico exacto de las demencias tipo Alzheimer es relativamente fácil a partir de la fase segunda, pero requiere exámenes detallados en la fase inicial. Las mejores pruebas para su diagnóstico son las llamadas neuropsicológicas: tests destinados a comprobar el rendimiento de la memoria, de la concentración, del lenguaje, de las capacidades motrices y de reconocimiento. Mediante estas pruebas, sencillas de realizar, los expertos son capaces de discernir los síntomas iniciales de una demencia tipo Alzheimer.

El tratamiento incluye aspectos médicos, psicológicos y sociológicos. De momento hay un único medicamento capaz de contener temporalmente la evolución de una demencia tipo Alzheimer, administrado en la fase inicial. La sustancia, cuyo nombre químico es tacrina, debe ser administrada bajo control médico, solamente a enfermos en fase inicial. Alarga la calidad de vida durante un tiempo limitado, dos años por término medio.

Desde el punto de vista psicológico es necesario que los familiares del enfermo estén informados y bien orientados acerca de cuál debe ser su actitud. El cariño y la comprensión son más eficaces que cualquier medicamento. En cuanto a los aspectos sociales, es necesario contar con los servicios correspondientes en cuanto a hospitales de día, residencias, asistencia social, etc.

Alois Alzheimer (1864-1915), el médico bávaro que describió la enfermedad en 1906, posiblemente no pensó jamas que tal padecimiento, no muy frecuente en su época (la expectativa de vida no superaba los 50 años) se convertiría en uno de los mayores azotes de la humanidad, cuando la expectativa de vida ha subido más allá de los 70 años.



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