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16 de octubre: Día Mundial de la Alimentación
Autor: Dr. Salvador Giménez - 16 de Octubre 2000
El 16 de octubre es el Día Mundial de la Alimentación. Desde hace dos decenios se celebra esta fecha en todo el mundo para crear conciencia del problema del hambre y llamar la atención a la seguridad alimentaria para todos. El Día Mundial de la Alimentación conmemora la fundación de la FAO en 1945

Un Milenio sin Hambre, es el lema del Día Mundial de la ALimentación del año 2000.
"Un milenio sin hambre" es el tema del Día Mundial de la Alimentación del año en curso y de TeleFood 2000, campaña anual de programas de radio y televisión, conciertos y otros acontecimientos dedicados a movilizar la conciencia pública y la solidaridad mundial para poner fin al hambre.

En su mensaje del Día Mundial de la Alimentación el Director General de la FAO, Jacques Diouf, declara: "Sueño con un mundo en el que todo hombre reciba cada día alimentos suficientes, inocuos y nutritivos. En mi sueño, las situaciones escandalosas de riqueza y pobreza extremas se mitigan. Veo tolerancia y no discriminación; paz y no disturbios civiles; entornos sostenibles y no degradación ambiental; prosperidad general y no desesperanza y desánimo."

"La cantidad de alimentos a disposición de cada persona

se ha incrementado casi en un 20% a nivel mundial"

Al inicio del tercer milenio, 826 millones de hombres, mujeres y niños padecen hambre crónica. El hambre no sólo reduce la vida y la esperanza de las personas, sino que va en detrimento de la paz y la prosperidad de los países. La magnitud del hambre en el mundo se examina todos los años en el Día Mundial de la Alimentación y se convoca a una acción urgente en numerosos frentes, no sólo para proporcionar alimentos a los que pasan hambre, sino también para eliminar las causas de fondo del hambre en todo el mundo, en forma rápida, sostenible y permanente.

UN MlLENlO SIN HAMBRE

El Día Mundial de la Alimentación y TeleFood 2000: Una visión y un desafío

Con el tema "Un milenio sin hambre" el Día Mundial de la Alimentación del año 2000 invoca a la vez una visión y un desafío. La visión es la de vivir en un mundo en el que todos tengan cada día comida suficiente. El desafío consiste en hacer realidad esa visión, liberando a casi 800 millones de personas del hambre crónica y del miedo a la inanición.

"Cuatro de cada cinco niños malnutridos del mundo en desarrollo

viven en países que disponen de excedentes alimentarios"

Hacer frente a ese desafío, hacer realidad esa visión no será tarea fácil. Para que el que acaba de empezar sea un milenio sin hambre es necesario actuar rápidamente en muchos sectores, no sólo a fin de proporcionar alimentos a quienes sufren hambre sino también para eliminar las causas del hambre en todo el mundo de manera rápida, sostenible y permanente.

Acabar con el hambre y la inseguridad alimentaria no es una simple cuestión de cultivar más alimentos. La producción mundial bastaría ya para proporcionar una dieta adecuada a todas las personas, si la distribución de los alimentos fuera equitativa. Pero no lo es. En muchos países pobres del mundo en desarrollo, por ejemplo, la disponibilidad promedio de alimentos asciende a menos de 2.100 calorías dianas por habitante. Por otra parte, en los países ricos del norte tal promedio es superior en más del 50%, ya que roza las 3.200 calorías diarias.

"Los alimentos modificados genéticamente ofrecen

un importante potencial para aumentar los rendimientos

y la calidad nutricional, pero también comportan riesgos

para la salud de las personas y del medio ambiente"

En el conjunto, alrededor del 20 por ciento de los habitantes del mundo en desarrollo luchan por sobrevivir con unas dietas que no les aportan la energía básica necesaria para mantenerse activos y productivos. Todas estas personas reunidas representarían un continente aquejado por el hambre con una población más numerosa que las de América del Norte y Europa occidental sumadas. 

El hambre no sólo cercena la vida y las esperanzas de las personas, sino también la paz y la prosperidad de los países. Los estudios indican que el hambre y las deficiencias de micronutrientes llegan a reducir en un 10% la capacidad de aprendizaje de los niños, y cuestan a los países en desarrollo hasta 128.000 millones de dólares anuales solamente en pérdidas de productividad.

LA VISIÓN - ALIMENTOS PARA TODOS

El hambre no constituye un fenómeno aislado sino que es, a la vez, causa y consecuencia de muchos de los otros flagelos que azotan a la humanidad, como la pobreza, la guerra, la degradación ambiental y la discriminación.

Puesto que guarda una vinculación tan estrecha con otros problemas, es casi inevitable que la eliminación del hambre apoye y requiera la reducción, y en última instancia la erradicación, de muchas otras causas de sufrimiento humano. No es insensato suponer por ejemplo, que un mundo sin hambre probablemente será también:

·         un mundo sin pobreza extrema: el Banco Mundial calcula que alrededor de 1.500 millones de personas luchan para sobrevivir con menos de un dólar EE.UU. por día. La mayor parte de la población mundial aquejada por el hambre también integra las filas de los que viven en la pobreza absoluta;

·         un mundo sin condiciones extremas de riqueza y pobreza que se reflejen en crueles desigualdades en la distribución de alimentos: actualmente la quinta parte más rica de la población consume el 45% de la carne y el pescado, y la quinta parte más pobre solamente el 5%;

·         un mundo sin guerras: invariablemente los conflictos desquician la producción y distribución de los alimentos, determinan el desarraigo de familias y comunidades, y crean poblaciones de refugiados sumamente vulnerables;

·         un mundo donde no existirá la degradación ambiental generalizada: el hambre y la pobreza hacen crecerlas presiones que se ejercen sobre entornos frágiles. La desertificación, la erosión, la salinización y la pérdida de biodiversidad constituyen una amenaza para millones de personas empobrecidas y para la productividad de los sistemas agrícolas;

·         un mundo sin desigualdades basadas en aspectos de género u origen étnico: aunque las mujeres producen la mayor parte de los alimentos del mundo, también representan una mayoría sustancial entre la población pobre. Los estudios indican que más de la mitad de las reducciones de la desnutrición alcanzadas desde 1970 se deben a mejoras en la educación y la condición social de la mujer.

Liberar a la humanidad del hambre contribuiría enormemente a erradicar la mayor parte de estos otros flagelos.

EL DESAFÍO - LOGRAR QUE HAYA ALIMENTOS NUTRITIVOS AL ALCANCE DE TODOS

El primer paso indispensable para acabar con el hambre es velar a fin de que todos dispongan de alimentos suficientes. Para lograr este objetivo será necesario un incremento sustancial de la producción alimentaria durante los próximos 50 años, ya que la población mundial crecerá de los 6.000 millones de habitantes actuales a 8.900 millones en el año 2050.

"Un milenio sin hambre podría así transformarse

en un milenio sin degradación ambiental,

sin desigualdades ni discriminaciones,

sin privaciones y sin guerras"

La experiencia anterior indica que esto debería ser posible. Durante los últimos 40 años la población mundial ha llegado a duplicarse, pero la producción de alimentos ha crecido con rapidez aún mayor: la cantidad de alimentos a disposición de cada persona se ha incrementado casi en un 20% a nivel mundial.

Sin embargo, el solo hecho de producir alimentos suficientes no permitió eliminar el hambre en el pasado y tampoco es garantía de que se erradique en el futuro. Estudios recientes sugieren que cuatro de cada cinco niños malnutridos del mundo en desarrollo viven en países que se jactan de disponer de excedentes alimentarios. El mayor desafío consiste en asegurarse de que los alimentos lleguen a las manos, y a la boca, de las personas que hoy carecen de ellos: la población pobre, los niños y las mujeres, las comunidades rurales aisladas, las minorías étnicas que viven económicamente marginadas de la sociedad, las víctimas de guerras y calamidades naturales.

"El hambre no constituye un fenómeno aislado sino que es,

a la vez, causa y consecuencia de muchos de los otros flagelos

que azotan a la humanidad, como la pobreza, la guerra,

la degradación ambiental y la discriminación"

La gran mayoría de esta población hambrienta vive en países donde la agricultura constituye la fuente principal de empleo e ingresos. Un elemento central de la estrategia de lucha contra el hambre debe ser el aumento de los ingresos rurales y el acceso a los alimentos mediante la mejora de la agricultura y la economía rural. Existan o no excedentes de alimentos a nivel mundial o nacional, un desarrollo agrícola insuficiente y una producción alimentaria local que no crece constituyen a menudo la base de los problemas locales de inseguridad alimentaria. El objetivo a largo plazo podría consistir en reducir la dependencia de la agricultura y la presión sobre unos recursos agrícolas ya bastante agotados, pero el camino para alcanzarlo bien puede comprender una fase inicial que ponga el acento en incrementar la productividad agrícola.

Los cambios mundiales que escapan por completo al control de los agricultores también desempeñan una función importante en la seguridad alimentaria del mundo en desarrollo. La creciente globalización del comercio, las negociaciones de la OMC, la caída de los precios de los productos básicos, la reducción de la asistencia a la agricultura, la deuda creciente y las estrategias propuestas para su reducción o cancelación, son otros tantos factores que influyen en la capacidad de la población para producir y adquirir alimentos.

"Liberar a la humanidad del hambre contribuiría enormemente

 a erradicar la mayor parte de los otros flagelos"

La vida de los agricultores y la segundad alimentaria de sus familias también se verá afectada por las novedades científicas y políticas relacionadas con la biotecnología y los alimentos modificados genéticamente. Estas nuevas tecnologías ofrecen un importante potencial para aumentar los rendimientos y la calidad nutricional, pero también comportan riesgos para la salud de las personas y del medio ambiente. Habrá que aplicar un enfoque prudente, que se definirá caso por caso, para garantizar que las tecnologías ce apliquen de una manera que responda a las necesidades de las personas y reduzca al mínimo los riesgos.

COMO LOGRARLO

Para acabar con el hambre será necesario actuar en todas estas esferas: incrementar la producción agrícola y elevar los ingresos de las comunidades rurales, mejorar el acceso a los alimentos para las personas más necesitadas, asegurar que en el comercio mundial se contabilicen adecuadamente las necesidades y contribuciones de los países en desarrollo, fomentar la investigación y la inversión, otorgar atención prioritaria al "hambre oculta" resultante de deficiencias de micronutrientes, todo ello con un nivel de compromiso sin precedentes. Pero el compromiso es el único recurso que realmente escasea.

"El hambre no sólo cercena la vida y las esperanzas de las personas,

sino también la paz y la prosperidad de los países"

Sabemos lo que hay que hacer. El Plan de Acción de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación nos indica el camino para llegar a un mundo sin hambre. No hay ningún misterio en las principales esferas de acción de dicho Plan, que incluye compromisos relacionados con:

·         un crecimiento económico que reduzca la pobreza

·         políticas para aumentar el empleo y las oportunidades de obtención de ingresos de la población pobre

·         redes de segundad para proteger a las personas más vulnerables y marginadas

·         una atención adecuada al desarrollo agrícola y rural

"Al inicio del tercer milenio, 826 millones de hombres,

mujeres y niños padecen hambre crónica"

Conocemos también el precio que habrá que pagar si no se adoptan medidas decisivas. Las últimas cifras muestran que en la primera mitad del decenio de 1990 la población aquejada por el hambre se redujo en 8 millones de personas por año. Es verdad que se trata de un progreso concreto, pero es menos de la mitad del ritmo que se necesita para alcanzar el objetivo, establecido por la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, de reducir a la mitad el número de personas aquejadas por el hambre para el ano 2015. Si las cosas mantienen este curso "habitual", en el año 2015 todavía habrá casi 700 millones de personas aquejadas por el hambre crónico, y prisioneras de un ciclo vicioso de privaciones humanas y estancamiento social.

Sin embargo, no necesariamente debe ser éste el final de la historia. Comprometiéndonos a utilizar plenamente las herramientas que ya tenemos en nuestras manos podemos establecer un nuevo "ciclo vicioso" que empezaría con una población bien alimentada y sana, llena de la energía necesaria para resolver los problemas que azotan y aprisionan a la humanidad. Un milenio sin hambre podría así transformarse en un milenio sin degradación ambiental, sin desigualdades ni discriminaciones, sin privaciones y sin guerras.




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