Grandes estudios clínicos y estadísticos han identificado varios factores que aumentan el riesgo de cardiopatía coronaria y de infarto de miocardio. Los principales factores de riesgo son los que la investigación ha demostrado que aumentan significativamente el riesgo de enfermedad cardiaca y cardiovascular. Existen otros factores asociados con el aumento del riesgo de las enfermedades cardiovasculares, pero su importancia y frecuencia todavía no han sido bien determinadas; son denominados factores contribuyentes al riesgo
La Asociación Americana del Corazón (AHA, American Heart Association) ha identificado varios factores de riesgo. Algunos de ellos pueden ser modificados, tratados o controlados, mientras que otros no. Cuantos más factores de riesgo se tengan, mayor es la probabilidad de desarrollar una cardiopatía coronaria. Asimismo, cuanto mayor sea el nivel de cada factor de riesgo, mayor es el riesgo. Por ejemplo, una persona con un colesterol total de 300 mg/dl tiene un riesgo mayor que otra con un colesterol total de 240 mg/dl, aun cuando un colesterol total superior de los 240 mg/dl ya se considera de alto riesgo.
Factores de riesgo que no pueden ser cambiados:
Aumento de la edad. Cuatro de cada cinco personas que mueren de cardiopatía coronaria tienen 65 o más años de edad. Así como avanza la edad, las mujeres con un ataque al corazón tienen más probabilidad que los hombres de morir por su causa a los pocos días.
Sexo masculino (género). Los hombres tienen mayor riesgo de infarto de miocardio que las mujeres, y los sufren a una edad más joven. Incluso tras la menopausia, si bien aumenta la tasa de muerte por cardiopatía entre las mujeres, no es tan elevada como entre los hombres.
Herencia (incluida la raza). Los hijos de padres con enfermedad cardiaca tienen mayor probabilidad de desarrollarla. Algunas razas y etnias tienen mayor riesgo de enfermedad cardiaca, en parte debido a una tasa más elevada de obesidad y diabetes.
De la misma manera que no se puede controlar la edad, el sexo y la raza, tampoco se puede controlar la historia familiar. Por eso es aún más importante el tratamiento y el control de otros factores de riesgo que sí se puede.
Factores de riesgo que se pueden modificar, tratar o controlar por cambios en el estilo de vida o medicación:
Tabaquismo. El riesgo de infarto de miocardio de los fumadores es más del doble que el de los no fumadores. El humo del tabaco es el principal factor de riesgo para la muerte súbita de origen cardiaco y los fumadores tienen de dos a cuatro veces más riesgo que los no fumadores. Los fumadores que tienen un infarto tienen mayor probabilidad de morir y de morir súbitamente (en la primera hora). El humo del tabaco también actúa con otros factores de riesgo para potenciar el riesgo de cardiopatía coronaria. Las personas que fuman puros o en pipa también tienen un mayor riesgo de muerte por cardiopatía coronaria, y probablemente de ictus cerebral, aunque su riesgo es menor que el de los fumadores de cigarrillos. La exposición constante al humo de los fumadores también aumenta el riesgo de cardiopatía entre los no fumadores.
Colesterol elevado. Así como aumentan los niveles sanguíneos de colesterol, también aumenta el riesgo de cardiopatía coronaria. Cuando están presentes otros factores de riesgo, como la hipertensión arterial o el tabaquismo, el riesgo aumenta aun más. El nivel de colesterol de una persona también está afectado por la edad, el sexo, la herencia y la alimentación.
Hipertensión arterial. La hipertensión arterial aumenta el trabajo del corazón, lo que produce su aumento de tamaño y debilitamiento. También aumenta el riesgo de ictus cerebral, infarto de miocardio, insuficiencia renal e insuficiencia cardiaca congestiva. Cuando la hipertensión coexiste con obesidad, tabaquismo, colesterol elevado o diabetes, el riesgo de infarto o ictus aumentan muchas veces.
Inactividad física. Un estilo de vida inactivo es un factor de riesgo para la cardiopatía coronaria. La actividad física habitual, de moderada o vigorosa, ayuda a prevenir las enfermedades cardiacas y cardiovasculares.. Cuanto más vigorosa la actividad, mayor el beneficio. Sin embargo, aun las actividades de intensidad moderada ayudan si se realizan de forma habitual y a largo plazo. El ejercicio puede ayudar a controlar el colesterol, la diabetes y la obesidad, así como a reducir la tensión arterial en algunas personas.
| | Obesidad y sobrepeso. Las personas que tienen un exceso de grasa, especialmente si se localiza en la cintura, tienen mayor probabilidad de desarrollar una cardiopatía o un ictus aun cuando no tengan otro factor de riesgo. También aumenta la presión arterial y los niveles sanguíneos de colesterol y triglicéridos, y reduce los niveles de colesterol HDL (“bueno”). Muchas personas obesas y con sobrepeso tienen dificultad para bajar el peso, pero la pérdida de 5 a 10 kilos ya ayuda a reducir el riesgo de enfermedad del corazón.
Diabetes mellitus. La diabetes aumenta en gran medida el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular, aun cuando los niveles de glucosa estén bajo control, ya que existe un aumento del riesgo de cardiopatía e ictus cerebral. Alrededor de los dos tercios de las personas con diabetes mueren de alguna enfermedad cardiaca o cardiovascular.
Otros factores que contribuyen al riesgo cardiovascular
La respuesta individual al estrés puede ser un factor contribuyente. Algunos científicos han encontrado una relación entre el riesgo de cardiopatía coronaria y el estrés en la vida de una persona, sus comportamientos con relación a la salud y su nivel socioeconómico. Estos factores pueden afectar a otros factores de riesgo establecidos. Por ejemplo, las personas sometidas a estrés pueden comer más, empezar a fumar o fumar más que otras personas que no tienen estrés.
Las hormonas sexuales parecen jugar un papel en la cardiopatía. Está bien establecido que los hombres tienen más infartos que las mujeres, antes de que las mujeres alcancen la edad de la menopausia. Varios estudios de población muestran que la pérdida de los estrógenos naturales con el envejecimiento de la mujer puede contribuir al aumento del riesgo de cardiopatía después de la menopausia. Si la menopausia está producida por la extirpación quirúrgica del útero y los ovarios, el riesgo de infarto aumenta en gran medida. Si la menopausia ocurre de forma natural, el aumento del riesgo es más moderado.
Las hormonas también afectan al nivel de colesterol. Las hormonas femeninas tienden a elevar los niveles de colesterol HDL (“bueno”) y a reducir los de colesterol total. Las hormonas masculinas hacen lo contrario.
Si usted ha tiene la menopausia, natural o quirúrgica, puede consultar con su médico la posibilidad del empleo de una terapia hormonal sustitutiva (estrógenos y progestágenos).
La composición de las píldoras anticonceptivas más antiguas, con dosis elevadas de estrógenos y progestágenos, aumentaban el riesgo de la mujer de cardiopatía e ictus. Esto es especialmente cierto para las mujeres de más edad que fuman. Los anticonceptivos orales más modernos y de dosis bajas tienen mucho menor riesgo de enfermedad cardiovascular, excepto para las mujeres que fuman o tienen hipertensión.
SI la mujer que toma anticonceptivos orales tiene otros factores de riesgo, especialmente si fuma, aumenta en gran medida su riesgo de que se produzcan coágulos sanguíneos y de padecer infarto de miocardio. Estos riesgos aumentan aún más por encima de los 35 años de edad. Si está tomando la píldora, controle anualmente su presión arterial y sus niveles de triglicéridos y glucosa.
Beber mucho alcohol puede aumentar la presión arterial, puede producir insuficiencia cardiaca e ictus. Puede contribuir a elevar los triglicéridos, el riesgo de cáncer y otras enfermedades y a producir irregularidades en la frecuencia cardiaca. Contribuye a la obesidad, al alcoholismo, al suicidio y a los accidentes.
El riesgo de cardiopatía en las personas que beben cantidades moderadas de alcohol es menor que el de los que no beben alcohol. Se considera una cantidad moderada de alcohol una bebida al día para las mujeres y dos al día para los hombres de:
· 300 cc de cerveza
· 150 cc de vino
· 50 cc de licores (güisqui, vodka, ginebra, coñac, etc.)
No es recomendable que los que no beben empiecen a hacerlo ni que los que beben aumenten la cantidad de alcohol que beben.
El artículo sólo es informativo. Si tiene dudas al respecto, consulte a su médico
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