Existen varios
factores que aumentan el riesgo de sufrir lumbalgia, destacándose los siguientes:
La falta de potencia muscular: Tener poca fuerza en los músculos de la espalda o en los abdominales favorece que la musculatura se sobrecargue y contracture ante pequeños esfuerzos. Además, a menor masa muscular, menos está protegido el disco intervertebral y las demás estructuras de la columna vertebral y menos resistente es ésta a la carga, aumentando la probabilidad de que surjan alteraciones.
La inactividad física: En condiciones normales, la musculatura abdominal y paravertebral se coordina entre sí con el fin de mantener la postura o conservar el equilibrio en movimiento. Esta coordinación depende de reflejos nerviosos que, para funcionar correctamente, deben repetirse. La falta de actividad física conlleva al empobrecimiento de estos reflejos, por lo que la musculatura se contrae de forma inadecuada o a destiempo, favoreciendo su contractura.
Una mala higiene postural: La adopción de posturas incorrectas conlleva a un aumento excesivo de presión sobre el disco intervertebral que a largo plazo puede favorecer la aparición de una fisura, protusión o
hernia discal, a la vez que incrementa la fuerza que debe hacer la musculatura, provocando la contractura de la misma.
El sobrepeso: El exceso de peso supone una carga sobre el disco intervertebral, lo cual favorece su desgaste y aumenta las probabilidades de que se deforme o rompa. El sobrepeso conlleva además que la musculatura paravertebral tenga que hacer un mayor esfuerzo para mover el cuerpo o mantener su postura, facilitando la contractura de la misma. Finalmente, el exceso de peso suele asociarse al sedentarismo.
Factores mecánicos: Los trabajos que comportan el estar expuesto a vibraciones que afectan a todo el cuerpo o al manejo de grandes cargas pueden conllevar lesiones o contracturas de la musculatura.
El embarazo: El dolor lumbar durante el embarazo suele responder a la relajación propia de la musculatura abdominal que provoca el arqueamiento de la espalda hacia atrás (hiperlordosis) y al uso excesivo de la musculatura paravertebral para mantener el equilibrio. Estos mecanismos junto con el sobrepeso conllevan a la contractura de la musculatura lumbar y a la aparición del dolor.
El estrés: El estrés es causa de alteración de los nervios que controlan el estado de los músculos, favoreciendo su contractura. En situación de estrés, los músculos pueden contracturarse ante esfuerzos mínimos e incluso de forma espontánea, y desencadenar episodios de dolor.
Para prevenir la lumbalgia es necesario cumplir con las normas de higiene postural hacer ejercicio y mantenerse físicamente activo.
Las
normas de higiene postural se pueden resumir en:
Dormir boca arriba. En caso de no poder adoptar esta postura, intentar acostarse ligeramente de costado. Al levantarse de la cama, girarse para apoyarse en un costado y posteriormente, apoyándose con los dos brazos, incorporarse de lado hasta sentarse. Nunca levantarse frontalmente. Al sentarse, apoyar completamente los pies en el suelo y mantener las rodillas al mismo nivel o por encima de las caderas Durante el transporte de cargas, levantar el peso con las piernas doblando las rodillas, mantener la espalda recta, llevar el peso lo más cerca del cuerpo posible y no girarse mientras se transporta el peso. Estando de pie, mantener un pie en alto y apoyado sobre un escalón o un objeto. Alternar un pie tras otro. Cambiar la postura tan frecuentemente como se pueda. No estar de pie si se puede estar andando. Evitar inclinarse. En caso de tener que hacerlo, mantener siempre las rodillas flexionadas, apoyarse con los brazos en la pared, en un mueble o sobre los propios muslos o rodillas e intentar mantener la espalda recta o ligeramente arqueada hacia atrás, evitando que se doble hacia delante.
El artículo sólo es informativo. Si tiene dudas al respecto, consulte a su médico