Las picaduras de insectos habitualmente producen una reacción local con dolor, picor e inflamación y en el caso de las abejas se queda el aguijón clavado en la piel. Los mosquitos y los tábanos pican para alimentarse de la sangre de los mamíferos. Las abejas y las avispas, pican para defenderse. Las abejas clavan el aguijón y mueren. Las avispas, conservan el aguijón pudiendo picar varias veces. Las pulgas dejan una línea de picaduras allá por donde han pasado, más a menudo en las extremidades. Los chinches dejan varias picaduras agrupadas especialmente en las nalgas y piernas. Las orugas producen una sustancia en sus pelos que al contactar con la piel da lesiones tipo habón. Un ejemplo, es la procesionaria de los pinos en primavera.
- Utilice productos repelentes de insectos
- Cúbrase convenientemente los brazos y piernas en aquellas zonas donde abundan los insectos y especialmente de noche
Picaduras de arañas
Las picaduras de arácnidos producen dolor, inflamación y enrojecimiento de la zona. De forma excepcional, producen reacciones generalizadas por los tóxicos inoculados (fiebre, vómitos, cefalea, convulsiones...), o también reacciones alérgicas (urticaria, sensación de ahogo...).
Las garrapatas se encuentran en la hierba y se alimentan de la sangre de los animales y humanos a los que parasitan. Cuando se adhieren, introducen parte de su cuerpo entre las capas de la piel, de manera que al extraerla debe hacerse con mucho cuidado para no dejar parte dentro. Se deben eliminar porque transmiten enfermedades infecciosas.