Los niños con TDAH sufren algunos de los siguientes síntomas de una forma mucho más intensa y frecuente de lo que sería normal para su edad:
* Hiperactividad: El niño tiene dificultad para permanecer quieto en situaciones que lo requieren: es incapaz de permanecer sentado en clase, por ejemplo.
* Falta de atención: Le cuesta concentrarse en realizar o estudiar una tarea concreta, se distraen con mucha facilidad. Le resulta difícil obedecer instrucciones y organizarse.
* Impulsividad: Actúa sin pensar, muestra impaciencia y le cuesta esperar su turno.
En definitiva, los niños y adolescentes con TDAH tienen dificultades para controlar su comportamiento y ajustarse a las normas. Por ese motivo suelen tener dificultades para adaptarse tanto al entorno familiar como al escolar y/o social, con lo que su rendimiento escolar se resiente por ello. En este sentido, existen estudios que señalan los
efectos beneficiosos del ejercicio físico regular en el rendimiento escolar de los niños con TDAH.
Ante la sospecha que nuestro hijo pueda sufrir TDAH, lo primero que debe hacerse es consultar con el pediatra de atención primaria. Si el pediatra lo considera oportuno, derivará la consulta a los especialistas en TDAH: el neuropediatra o el psiquiatra infantil.
El TDAH un trastorno neurológico provocado por el desequilibrio entre dos neurotransmisores cerebrales, la noradrenalina y la dopamina, lo que afecta a las áreas del cerebro encargadas del autocontrol y del comportamiento. Sus causas son todavía desconocidas, aunque se están investigando posibles factores de riesgo:
complicaciones durante el parto,
predisposición genética, o
retraso en el desarrollo de ciertas áreas cerebrales.