Antes de llegar al diagnóstico de convulsión febril, el médico debe descartar que las convulsiones no son causadas por otro trastorno distinto a la fiebre. Por ejemplo, ante la sospecha de meningitis, debe procederse a la extracción de líquido cefalorraquídeo (líquido que baña el cerebro y la médula espinal) para detectar posibles indicios de infección. En el caso de haberse producido diarreas severas o vómitos, puede ser la deshidratación la responsable de las convulsiones.
La meningitis o la deshidratación
también pueden causar convulsiones
Para determinar el origen de la fiebre se realizan análisis de sangre y orina.
Por lo general, el niño que ha presentado una convulsión febril no necesita ser hospitalizado, excepto en los casos de convulsión prolongada o asociada a una infección grave o cuando no puede determinarse el origen de la infección.
El artículo sólo es informativo. Si tiene dudas al respecto, consulte a su médico
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