El problema, como han explicado los oncólogos Hernán Cortés-Funes y
Cristina Grávalos, es que no existe un método sencillo de predecir qué
mujeres están desarrollando este tumor. Los primeros síntomas son poco
específicos (distensión abdominal, molestias gástricas). Tampoco hay un
marcador (una proteína) que pueda detectarse en sangre mediante un
análisis, aunque sí hay uno inespecífico (relacionado pero que puede dar
falsos positivos). Y las pruebas de imagen, como la ecografía, también
pueden llevar a engaño. Por eso un 70% de los casos se diagnostican
tarde, lo que dificulta su tratamiento.
Aun así, hay un grupo de mujeres para las que se aconsejan chequeos
periódicos usando esas técnicas: las llamadas de alto riesgo porque
tienen antecedentes familiares de tumores ginecológicos (mama incluido).
También hay algunas mutaciones genéticas que pueden ser una señal.
A falta de un sistema mejor, Cortés-Funes aconseja que en todas las
revisiones anuales que las mujeres deben hacerse a partir de los 40 años
para detectar un posible cáncer de cuello de útero o de mama se incluya
la ecografía. Afortunadamente, esta técnica cada vez es más accesible y
barata, ha dicho el oncólogo del hospital 12 de Octubre de Madrid,
sobre todo en la sanidad pública. Y, si no, él anima a las mujeres a
pedirla.